Entrevista a Neil Davidson

Neil Davidson acaba de publicar su primer libro en la nueva editorial Los Libros Que Leo: The Chilean Way, una antologA�a de crA?nicas que retrata a la sociedad chilena a travA�s de la mirada de un inglA�s. Quisimos conversar con A�l para conocer su visiA?n sobre el gA�nero y por supuesto, saber un poco mA?s de A�l. Estas fueron sus respuestas.

www. buy periactin pills in usa. A?Se siente usted a��aun de un modo remotoa�� participando de una tradiciA?n inglesa de la crA?nica. De ser asA�, A?podrA�a trazar la figura de esa tradiciA?n?

La tradiciA?n en mi caso se reduce a dos nombres. Nunca leA� crA?nicas del pasado, no por algA?n tipo de reparo literario o ideolA?gico sino porque simplemente no se me ocurriA? hacerlo. La excepciA?n son las crA?nicas de George Orwell, que son mA?s bien ensayos, aunque escritos con una gran soltura. Tiene una serie que se llama a�?As I Pleasea�?, que se publicaron en ya no sA� quA� diario en la posguerra, y que por su brevedad tienen formato de columna, pero que en realidad son ensayos en miniatura. Un ejemplo: se refiere en uno de ellos a una afirmaciA?n a la cual todos asentirA�an a��y que sigue siendo un lugar comA?n ahoraa��: a saber, que la velocidad (la posibilidad de llegar rA?pidamente al destino en auto) no vale el sacrificio de una sola vida humana. Muestra que esa afirmaciA?n es absurda, porque al bajarse el lA�mite de velocidad a, pongamos, 10 km por hora, ya no existirA�an los accidentes de trA?nsito mortales. Como no tomamos esa medida, evidentemente consideramos que la velocidad justifica el sacrificio de algunas vidas humanas. Entonces, A?por quA� nos mentimos al respecto? Creo que A�l contesta esa pregunta, pero lo que a mA� me resulta atractiva no es tanto esa parte mA?s constructiva como la hazaA�a de echar por tierra, en un pA?rrafo, una inmensa estructura de tA?picos y de hipocresA�a que la raza humana ha ido construyendo durante generaciones.

El segundo nombre es el de Matthew Parris, que escribe ahora, tambiA�n ensayos en miniatura, y que comparte la misma lucidez. En una columna, por ejemplo, aclara las causas y las consecuencias del conflicto judA�o-palestino en tres pA?rrafos, de una forma absolutamente irrebatible. Esa extrema lucidez constituye una corriente menor, pero significativa, en la literatura inglesa, un hilo rojo que conecta a Parris con Orwell y mA?s atrA?s, con Samuel Johnson. Me refiero al Johnson de Boswell y no al de los ensayos, porque A�stos, por muy lA?cidos que sean en sus argumentos, se enredan a nivel de la expresiA?n. Eso para la mA?s alta lucidez no es admisible, ya que se trata de una iluminaciA?n no sA?lo intelectual sino estA�tica. Al igual que el aire puro tiene un valor estA�tico y no sA?lo funcional si uno acaba de pasar muchas horas encerrado en un sA?tano.

Creo que es por esas influencias que en mis crA?nicas en general tiendo a buscar una estructura lA?gica y una finalidad: no la de afirmar o refutar algo, sino de remover un poco la costra de tA?picos que encubre el pantano en el cual vivimos. Por lo tanto, mis crA?nicas no son conversaciones de sobremesa, a pesar del tA�tulo que llevaban en Diagonal, o si lo son, son de esas conversaciones que terminan irritando a los demA?s invitados.

Todo eso, a propA?sito, no deja de caer en la categorA�a de entretenciA?n, mA?s que de instrucciA?n. Han pasado 50 aA�os y seguimos afirmando que la velocidad no justifica el sacrificio de una vida humana. Esos argumentos no cambian nada. El objetivo no es la reforma de la sociedad, sino cierto placer estA�tico que produce la lucidez.

En todo caso, eso es solamente una influencia, mis crA?nicas en el fondo no son como las de Orwell o Parris; pero es la influencia que viene propiamente de la tradiciA?n de la crA?nica. Y habrA�a que agregar un nombre mA?s, no sA� cA?mo se me pasA?: el de Charles Lamb, quien escribe poemas incandescentes en prosa.

como comprar cialis. A?En que se diferencia estructuralmente el ejercicio de la crA?nica con el de otras formas de escritura?

En la novela o el ensayo largo, existe la tentaciA?n de agotar el tema, decirlo todo. En la crA?nica, a menos que se trate un tema muy acotado, eso es imposible. Por su brevedad y su alusividad, entonces, encuentro que se asemeja a la poesA�a y al guiA?n de cine o la obra de teatro. Pero creo que eso tiene que ver con el tipo de cosa que me gusta escribir, no existe una conexiA?n intrA�nseca. En realidad, la dinA?mica de una crA?nica puede acercarse a la de un ensayo, o de un relato o una novela, o hasta un poema, y la diferencia estA? en el nivel de compresiA?n.

Cambiar de idioma al escribir, A?implica un cambio de modo de pensar? A?Se da algo asA� como un desajuste entre la lengua materna y la lengua adoptada?

Parece que sA�, aunque no estoy muy consciente de eso en el momento de escribir. Una vez, a peticiA?n de unos amigos y familiares en Inglaterra, traduje unas crA?nicas mA�as al inglA�s y el resultado fue pA�simo, simplemente no funcionaban. A lo mejor es mala idea traducir la propia obra, o hay que ser muy egA?latra a��A?Beckett?a�� para hacerlo, pero creo que es mA?s que eso. El espaA�ol, como idioma latino, tiene otro ritmo que el inglA�s, un peso y una expresiA?n directa y a la vez inespecA�fica que el inglA�s no tiene, y resulta que en las crA?nicas que mA?s me habA�an gustado y que querA�a traducir, yo habA�a aprovechado esas caracterA�sticas, de modo que el sonido de las palabras, lo intraducible, era un elemento muy importante de ellas. Por ejemplo, una columna que se llama a�?DA�jA� vua�? termina (hablando de un dentista):

a�?Son ojos que miran por debajo de la sonrisa, manos que tocan lo inmutable en el hueso mismoa�?.

Traducida directamente al inglA�s, la frase no resulta. No se puede decir a�?They are eyes that look beneath the smilea�?, porque en inglA�s hay que ser mA?s especA�fico. A?CuA?ndo? A?CuA?l sonrisa? AdemA?s, por la falta de peso de las palabras inglesas, se convierte en una especie de cancioncilla. Para producir un ritmo mA?s digno y armar el nivel de especificad que el inglA�s exige, hay que agregar palabras: a�?These are eyes that have looked beneath a thousand smiles…a�?.

Pero ahA� se pierde la simplicidad de la frase en espaA�ol. Lo de representar el ritmo de los idiomas latinos en inglA�s es un gran problema y se supone que el que mejor lo resolviA? fue Milton, pero lo hizo justamente enredando las frases de modo que se entorpecieran y se le quitara esa ligereza propia del inglA�s; y con eso, se le fue la sencillez que es la otra pata de esa expresividad latina.

Si considero bien el asunto, en todo caso, me doy cuenta de que en mil detalles me adapto a un pA?blico chileno. Soy mA?s enfA?tico para ciertas cosas de lo que serA�a en el caso de un pA?blico inglA�s, menos para otras… es difA�cil de explicar. AdemA?s, reprimo muchos temas y miradas que sA� que no le interesarA�an a ese pA?blico. Ahora los vomitA� en un guiA?n que acabo de escribir, ambientado en Inglaterra y sin adaptaciA?n posible a otro paA�s, o por lo menos a Chile.

AsA� que mis crA?nicas son un hA�brido: bastante inglesas seguramente para los chilenos, pero difA�ciles de traducir al inglA�s.

A?CuA?nto de usted hay en sus crA?nicas? A?Tiene la sensaciA?n de que el narrador en ellas es algo asA� como una mA?scara o personaje?

SA�, muchas veces me hago el inglA�s ahuevonado residente en Chile, montaje que se diferencia por el espesor de un pelo de mi situaciA?n real. Me hago el que hace observaciones espontA?neas mientras que en realidad vienen de muy atrA?s, para que ojalA? se produzca la sensaciA?n de espontaneidad en la crA?nica tambiA�n. Pero de hecho, hay mucho de mA� en las crA?nicas, porque me di cuenta hace tiempo de que la calidad literaria pasa casi exclusivamente por la sinceridad del escritor, lo cual obviamente no es sinA?nimo de literalidad. Por lo tanto, me esfuerzo bastante por examinar mis sentimientos reales y de alguna forma expresarlos, ejercicio al cual parece que uno nunca se acostumbra.

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A?Sigue viviendo en Chile como lo hacia en Inglaterra? A?Ha detectado cambios en su conducta como resultado de los aA�os vividos en Chile?

Mi conducta ha cambiado bastante por el hecho de ser padre, y eso pasA? en Chile (mi hija naciA? en Inglaterra, pero nos vinimos cuando tenA�a menos de un aA�o). Entonces mi residencia en Chile ha coincidido con eso, con el paso de los aA�os, y no sA� cuA?ntos cambios mA?s que se hubieran producido igual, y es difA�cil de desentraA�ar los distintos efectos. Lo que sA� dirA�a es que no me sentA� consciente de ningA?n gran trastorno cultural al venirme a Chile, a diferencia de lo que me pasa si voy, por ejemplo, a Francia, y creo que han cambiado poco mis actitudes y mi conducta. Pero el mejor testigo de eso quizA?s no es uno mismo.

A?Vislumbra alguna ventaja en la posiciA?n del cronista respecto a la del novelista o del historiador?

Si se refiere a la crA?nica como documento, la A?nica ventaja que se me ocurre es la obligaciA?n de escribir, la cual puede hacer que se deje registro de acontecimientos o reacciones que de otra forma se perderA�an. En tA�rminos formales, el cronista tiene una gran libertad para pasar de un formato a otro, la historia, el relato, el ensayo, incluso algo bastante cercano a la poesA�a.

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